martes, 12 de enero de 2010

Cresta de la Munia "La ratonera de Gerbats"

"Allá donde las casas, y después los árboles y , a continuación, la hierba desaparecen, nace un reino estéril, salvaje y mineral; sin embargo, en su pobreza extrema, en su desnudez total, ofrece una riqueza que no tiene precio: la felicidad que se descubre en los ojos del os que lo frecuentan."

CRONICA DE JOSE LUIS

Salimos de Valencia Luis Camarasa y yo a mediodía del Jueves dia 8 de Octubre con la intención de reunirnos en Ainsa con Salva, Dioni y Mª Jesús. Una vez reunidos partiríamos juntos hacia Chisagües para tomar la pista que nos dejaría en la Fuente de Petramula, donde tras dejar los coches, comenzariamos una ascensión nocturna que en 1:30 h. nos dejaría en los lagos de la Munia, lugar elegido para vivaquear y a tan solo 30´del comienzo de la cresta, lo que nos permitiría realizar la vuelta completa al circo en un solo día, sin tener que cargar con todo el material de vivaqueo.
El plan era cojonudo,..pero la meteo no tanto, a medida que nos adentrábamos en el Pirineo llovía con más ímpetu, ante lo cual decidimos dormir en el refugio de Pineta, madrugar y dejar toda la ascensión para el día siguiente.
A las 5h. sonaba el despertador en Pineta y a las 7:45 comenzábamos la ascensión desde Petramulas con los mochilones a cuestas.


Ascensión hacia los lagos.


Ascendiendo con las “Tres Marías” a nuestra espalda

Una vez pasado el Collado de las Puertas, con el Robiñera majestuoso en su lado derecho, y multitud de sarrios escoltando su entrada, bordeamos los lagos y continuamos la ascensión hasta el collado de La Munia al cual llegamos a las 10:00 h. tras 2:15 h. de ascensión desde los coches.


Collado de La Munia con toda la cresta a recorrer de fondo.

Desde este collado se divisa toda la amplitud del circo de Troumouse así como toda la cresta coronada con sus cinco (o seis, según criterios) tresmiles.
Se comienza con una empinada ascensión hacia el pico de La Munia. La ruta hay que intuirla ya que no está muy clara, teniendo que pasar por algún paso algo expuesto y siguiendo primero por el lado norte de la arista para después cruzarnos al lado sur, donde tras pasar por una pequeña canal, esta nos dejará al pié del famoso “Paso del Gato”, una trepada de grado III no muy complicada gracias a las fisuras que recorren longitudinalmente la placa de roca y en la que podemos encajar los piés, además, hay una cuerda colocada por la que se sube a pulso sin mayor problema, el paso en sí tampoco tiene patio ya que no mira al abismo.


“El Paso del gato” visto desde arriba

Después de superar el paso del gato, aun nos queda recorrer un largo tramo de arista hasta llegar a la cima de La Munia, previo paso por la Antecima, la cual se puede confundir con la verdadera cima. El hielo nos ralentiza bastante el camino, ya que hay que afianzar bien cada paso.


Luis y yo trepando hacia la Antecima de La Munia


Una vez pasada la Antecima, descendemos para iniciar la trepada hasta La Munia


Descendiendo de la antecima


Tramo de arista con la Antecima a nuestra espalda

El tramo existente entre la Antecima y la cima de La Munia, es bastante entretenido con continuas trepadas y destrepes, y magníficas vistas tanto al lado derecho, con todo el circo a nuestros pies, como al lado izquierdo (bastante expuesto), con el Robiñera escoltándonos y los lagos de La Munia dando color al paisaje.


Salva y Dioni con los lagos de La Munia al fondo


Cima de La Munia (3.133 m). Dioni y Mª Jesús arriba, Salva, yo y Luis abajo.

A las 12:00 h., tras 2 h. de ascensión desde el collado, llegamos a la cima La Munia, donde tras una pequeña parada para picar algo, continuamos hacia “La Pequeña Munia”, segundo tresmil del día


13:00 h. Cima de “La Pequeña Munia” (3.096 m)

Desde “La Pequeña Munia”, se desciende hacia un collado para luego iniciar un suave ascenso hasta “Sierra Morena” (3.090 m), recorriendo lo que va a ser el tramo más sencillo de toda la cresta.


Descenso desde La Pequeña Munia hacia el collado. Al fondo “Sierra Morena” tapada por la niebla.


Vista desde “Sierra Morena”, del tramo que nos queda por recorrer

Una vez llegamos a “Sierra Morena”, nos encontramos con el paso clave de la jornada, una rápel de 35 m. cuya dificultad radica en que hay que destrepar casi diez metros por un tramo muy expuesto para llegar al clavo existente para rapelar. Este paso nos llevó mucho tiempo, ya que fuimos asegurando a todos con la cuerda en el destrepe hasta llegar al clavo de rápel, así como descendiendo las mochilas una a una hasta dicho punto. Una vez aquí,…iniciamos el rápel. Conviene llevar una cuerda de 70 m,..la cual llegará justa hasta abajo.


Rapelando Sierra Morena (3.090 m)


Luis al pié de Sierra Morena, con el circo de Troumouse a su derecha

Una vez finalizado el rápel y tras un pequeño repecho, continuamos en fuerte pendiente hacia la cima del pico Troumouse, fácilmente distinguible al estar coronado su vértice por un trípode metálico. Son las 15:30 y la nubes comienzan a envolvernos.


Avanzando hacia la cima del Tromouse, con el tramo rapelado de Sierra Morena al fondo.


Pico de Troumouse (3.085 m). Reponiendo algo de energía.

Tras unos breves minutos en la cima reponiendo fuerzas, iniciamos el recorrido hacia la Punta de Aires y el Pico Heid afrontando a partir de aquí el tramo de cresta más aéreo y espectacular del recorrido.




Avanzando hacia la Punta de Aires y el Pico Heid

En todo este tramo hay que poner especial atención ya que la roca está bastante descompuesta y el camino no está nada claro con lo cual hay que intuirlo.

La atención y concentración es estos tramos es alta con el fin de asegurar los pasos y no desviarnos demasiado del recorrido. Siguiendo hacia el Pico Heid, pasamos por la Punta de Aires o Punta Barroude (3.028 m), considerado por unos dentro de la lista de tresmiles del Pirineo y por otros no,..según criterios.





Sobre las 18:45 llegamos al Pico Heid, hicimos unos fotos y rápidamente emprendíamos el descenso.


Vista atrás del tramo recorrido desde el Pico Heid (3.022 m)


Descenso del Pico Heid hacia los “Tubos de Gerbats”

La niebla se nos echaba encima y quedaban pocas horas de luz, por lo cual decidimos acelerar el paso. La cresta había terminado y solo nos quedaba descender por una senda bordeando los “Tubos de Gerbast” hasta el Col de la Sede, y de ahí un descenso directo hacia la cabaña situada en el fondo del circo, donde pretendíamos pasar la noche para ascender al día siguiente al collado de la Munia y de ahí hasta los coches, completando así un recorrido circular. Pero todo esto no era más que la teoría, a partir de aquí, un cúmulo de circunstancias y errores trastocaron todo el plan.
Según las reseñas consultadas, la senda bordeaba sin dificultad los “Tubos de Gerbast”, 5 embudos de piedra caliza lisa con una caída libre de unos 400 m. Conscientes de que las dificultades habian cesado, avanzamos hacia ellos


Imagen bajada de Internet de los Tubos de Gerbats

Hasta el primer tubo la senda estaba clara, empezamos a atravesarlo sin apenas luz y con la niebla encima lo que hacía que no viéramos mas allá de 2 m., las frontales no servían de nada ya que la luz se dispersaba en la niebla y por si fuera poco, la roca empezaba a estar muy resbaladiza. Decidimos volver sobre nuestros pasos para hacer vivac al inicio del tubo y esperar al día siguiente.




Vivaqueando

El día siguiente amaneció lloviendo y con niebla. La senda que bordeaba el tubo no se intuía, y nos sorprendió lo expuesto y peligroso del paso, no apto para nadie que tenga el más mínimo vértigo. Aun así, y pensando que el resto de tubos serian más sencillos,..optamos por atravesarlo.


Atravesando el primer tubo.


Imagen bajada de Internet, donde se aprecia lo expuesto del paso. Un traspiés y……

Con la roca suelta y mojada y arriesgando más de la cuenta fuimos avanzando con toda la concentración del mundo. Un resbalón significaba caer por un tobogán de piedra de 400 m. Una vez atravesado el primer tubo, nos llevamos la desagradable sorpresa de ver que el siguiente tubo era más expuesto y complicado de atravesar que el primero,…y por si esto fuera poco, comenzaba a llover con más fuerza. En el espolón que separaba los dos tubos solo había espacio para una de las tiendas, así que decidimos montarla y esperar comprimidos los cinco en una tienda de dos, a que dejara de llover. Al ver que no cesaba y que tendríamos que hacer noche allí, Luis y yo intentamos nivelar la pendiente con una plataforma de piedras para poder montar una tienda de dos. Mientras, y ya que no nos quedaba agua, pusimos las mantas térmicas a modo de embudo en la ladera para poder recoger agua en los cazos.


2º tubo a atravesar


Espolón entre el 1er y 2º tubo, donde montamos las tiendas.

No dejó de llover en todo el día,..ni en toda la noche. Estuvimos todo el día metidos en la tienda y la situación empezaba a ser preocupante. Ni podíamos tirar hacia delante,..ni hacia atrás, ya que si peligroso había sido pasar el tubo con la roca mojada,…con lluvia incesante,..ni te cuento. Empezamos a pensar que nos habíamos equivocado de camino, ya que era demasiado expuesto y peligroso como para que una senda pasara por allí. Pasamos el día entero metidos en las tiendas.

El día siguiente amaneció igual de nublado y chispeando, después de hablarlo y en un momento que dejó de llover, decidimos pasar el siguiente tubo con mucho cuidado y ver si definitivamente era el último paso complicado. Recogimos las tiendas, y uno tras otro con la concentración y la adrenalina al máximo, fuimos pasando con mucho cuidado. Este tubo nos cuesta más que el anterior, todo está más descompuesto y es más vertical. Cuando terminé de pasar el tubo y llegué al espolón, ví que el siguiente era mucho más complicado, no quise decir nada al resto del grupo que venían detrás, ya que estos se encontraban todavía pasando el tramo más complicado de la travesía. Cuando llegaron donde yo estaba y vieron lo quedaba por delante, cundió la desmoralización.


Cruzando el 2º tubo



Bajo una gran tensión, analizamos la situación: Continuar hacia delante era arriesgar mucho, el paso parecía mucho más complicado y expuesto que los dos que anteriores, y las probabilidades de un accidente se incrementaban. Retroceder suponía volver a pasar por el tramo complicado que acabábamos de superar, pero con la certeza de que en el espolón anterior había espacio para montar las dos tiendas. La decisión fue volver hacia atrás.
Con calma y coraje volvimos a pasar el 2º tubo y llegamos donde habíamos pasado la noche anterior.
Una vez allí volvimos a analizar de nuevo la situación. Una posibilidad que se nos ocurría era la de escalar la pared que teníamos a nuestra derecha y ver que había al otro lado, de lo cual carecíamos de información: el GPS de Dioni no disponía de cartografía francesa, el mapa de Salva se limitaba al lado español y mi mapa que si que la recogía,..me lo había dejado en el coche. Grave error, ya que hubiéramos podido saber si al otro lado existía algún camino, o alguna ladera suave por la que descender.

Intentamos llamar al 112 para ver si nos facilitaban algún tipo de información con la que salir de aquella ratonera o en el peor de los casos,…siempre seria mejor un rescate que un accidente. Nuestro gozo en un pozo,…ninguno teníamos cobertura. En un momento que despejó la niebla vimos en el fondo del circo
Algún coche aparcado. Intentamos hacer señas con las mantas térmicas y los silbatos, pero los 800 m de desnivel existente, hacía que aquella maniobra fuera inútil. Al poco de haber cesado en nuestro empeño, nos pareció oir voces,…sí,..efectivamente eran voces que se sonaban cada vez más claras. Alzamos la vista y vimos unas siluetas que entre la niebla y a lo lejos se acercaban por la cumbrera de la pared que teníamos a nuestra derecha. A chillidos nos indicaron que había senda por arriba. Luis, se puso a escalar como un poseso hacia ellos, detrás fuimos Salva y yo. La trepada era de unos 80 m. con pasos de III. Una vez arriba echamos cuerda y aseguramos al resto. Como no podia ser de otra manera,…eran vascos. Creo que nunca nos habíamos alegrado tanto de ver a alguien en la montaña. En dicha cumbrera había una buena senda que llevaba hasta el Col de la Sede y de aquí se descendía en fuerte pendiente hasta el Circo de Troumouse.


Avanzando por el cordal hacia el Col de la Sede

Una vez abajo y ya más tranquilos, repusimos fuerzas 15´ y comenzamos la subida hacia el Col de La Munia. Son las 14:45 del domingo 11 de Octubre.
Desde abajo, da la sensación de que no es posible remontar el circo, pero a medida que vas subiéndo te das cuenta de que si que hay paso posible,..eso sí!,..con fuerte pendiente.
A las 16:00 llegamos al paso más complicado, “Le passet”, una pared de roca de unos 10 m. que en las reseñas la clasifican de grado II, pero que para mi y debido a lo pulido de la roca podría ser perfectamente un grado III. Aseguro a Luis y con ayuda de algún “friend”, sube de primero. Subo yo y vamos remontando todos los mochilones, a continuación terminan de subir el resto de compañeros.
A partir, las dificultades técnicas han terminado. Una senda bastante pronunciada asciende hasta el collado de La Munia, el cual alcanzamos a las 17:00 h.


Imagen bajada de Internet donde se ve el itinerario de ascenso hacia el collado de La Munia

A las 19:10 h llegamos a los coches bastante cansados. Con el refugio de Pineta lleno,..la idea de pasar la noche en un hostal de Biescas tras una buena ducha,…y una buena cena,…no nos desagradó a ninguno.

Hablo por mí cuando digo que de esta aventura aprendí muchas cosas,… tanto de las decisiones acertadas como de los errores que tuve.